La Virgen de la Guadalupe y la Virgen de la Caridad del Cobre (o viceversa)

La Virgen de la Guadalupe y la Virgen de la Caridad del Cobre (o viceversa)

“En la noche vas a sentir bien fuerte los cohetes”, me dijeron. Y todavía suenan. Desde las primeras horas del 11 de diciembre comenzaron a aumentar los disparos. Los cohetes son fuegos artificiales que se lanzan, preferentemente en las iglesias los días de santos. Pero yo no sabía de eso y a los ruidos de los cohetes le atribuía lo peor, lo que no voy a nombrar, porque uno de los llamados para celebrar el Día de la Guadalupe era un cese a la violencia.

Cuando mi abuela Catalina me decía que yo era el negrito de la Virgen, jamás pensé en la Guadalupe, fue tiempo después que descubrí en el calendario que el 12 de diciembre era mi santo. De niño pensé que debía llamarme Guadalupe, o Gustavo. Eso rondaba mi imaginación infantil. De niño fui a la iglesia del Cobre en Santiago de Cuba, a honrar a la Patrona de Cuba. Y desde entonces mis flores y mi fe andaban y andan con ella. No tengo conciencia de cuándo fue que la Guadalupe ocupó un espacio mayor.

De niño soñé con México, sus películas, sus escritores y pintores que no voy a nombrar en este texto. Pero un día de 2019 antes de Covid comencé a pedir una estampita de la Guadalupe. Un amigo mexicano me recordó hace unos días que se lo pedí a él también. Pero fue el cubano Norge Espinosa el que me llevó una estampita que me colgué al cuello. Me la entregó en la Feria Internacional del Libro de La Habana de 2019, si mal no recuerdo. Después la Virgen de la Guadalupe se mantuvo en mi cuello. La encontré en calendarios, en casas e iglesias cubanas, en iglesias de La Habana, donde viví el último año antes de venir a México. Solo ella y la Caridad del Cobre saben mis alegrías, sufrimientos y desvelos.

Hoy recordé todas esas cosas en la iglesia de Cuajimalpa en México y hace unos días en la Basílica de la Guadalupe, adonde llevé la estampita que fue de ese lugar a Cuba y ahora regresaba. La Guadalupe es un punto de contacto entre las peregrinaciones a la Virgen del Cobre, las oraciones, y la fe. Mirando a todas aquellas personas caminando desde cualquier parte de México con niños en los brazos, sillas de ruedas y plegarias, recordé la Virgen del Cobre. Hay muchas situaciones extrañas que no escribo en este texto, pero que me han traído al lugar en el que vivo hoy.

Pensé en lo que significa la Guadalupe en el imaginario mexicano y busqué en internet a vuelo de pájaro. Leí que la Virgen de Guadalupe tiene una presencia significativa en la vida de los mexicanos y representa la unidad de la nación mexicana, y pensé en La Virgen de la Caridad del Cobre. Símbolo de cubanía, un libro de Olga Portuondo que explica lo que vale la Caridad de Cobre para cubanos y cubanas. El manto se constituye de 46 estrellas, y pensé en el manto de la Virgen del Cobre. Y si la guadalupana se toma como referencia en la narrativa de Ignacio Manuel Altamirano, Carlos Fuentes, Juan Villoro, Vicente Leñero, Mónica Lavín, Santiago Mata, entre otros, la cubana aparece en obras importantes de la literatura, la música, la pintura y el cine. Autores como Nicolás Guillén, Fernando Ortiz, Emilio Ballagas, entre muchos otros, le han escrito. Famosa también en la película Fresa y chocolate, guion de Senel Paz, y en mucho más. La Virgen de Guadalupe es un símbolo de resistencia política y cultural, leo. También lo es la Virgen del Cobre. Y si en las canciones a la mexicana le cantan “La Guadalupana” y “Las mañanitas”, a la cubana le cantan el Trío Matamoros, Celia Cruz y Celina y Reutilio. “Y si vas al Cobre, quiero que me traigas, una virgencita de la Caridad”, recuerdo el estribillo.

Me llama la atención una cita de Octavio Paz, dice el texto que aparece en El laberinto de la soledad: “Nuestro calendario está poblado de fiestas. Ciertos días, lo mismo en los lugarejos más apartados que en las grandes ciudades, el país entero reza, grita, come, se emborracha y mata en honor de la Virgen de Guadalupe…”.

Hoy llegué primero a una iglesia y tiraban cohetes, y luego una banda de música le cantaba a la Virgen. Y luego, me inspiró subir a la iglesia del centro del pueblo. Allí hice fotos. Supe entonces que harían misa al mediodía y luego saldrían en procesión por las calles principales del pueblo.

Me quedé en misa. Me llamaba la atención que tantas personas llevaran entre brazos imágenes de la Virgen de la Guadalupe. Entendí casi al finalizar la misa que el Padre las bendeciría, y yo traía mi nueva estampita colgada en el cuello, que el Padre al pasar, la mojó completa con una gran bendición. Después vi salir la procesión por la calle y recordé la primera y la última procesión de la Virgen del Cobre por las calles de Santiago hasta llegar a la Catedral. Íbamos muchos a pedir un poco de fe y amparo.

Yo vi a tanta gente con fe, sosteniéndose en México con la Guadalupe, celebrando, como hacen los cubanos con la Virgen de la Caridad del Cobre, buscando paz y unidad, buscando siempre un mejor destino, con niños en los brazos, con flores y plegarias, a pedir por exiliados, desaparecidos, embarazadas, mujeres que no pueden dar a luz y enfermos…

Caminé un poco, pero no me fui calle abajo y regresé a casa. El ruido de los cohetes me asustó desde el primer día que llegué a México. Todavía a esta hora de la tarde me siguen asustando. Me dijo un señor, que me encontré en las dos iglesias que él iba a lanzar por estos días cuatro millares de cohetes. ¿Se ha quemado alguna vez?, le preguntó una muchacha. Y el mostró las manos y una sonrisa. Nunca, dijo. En la primera iglesia lanzó unos, y en la iglesia del pueblo lanzó otros cuantos. Yo me quedé pensando si él había lanzado los de medianoche que alumbraron el cielo en la primera hora del 12 de diciembre de 2024.

Yunier Riquenes García

Yunier Riquenes García